Ilustración de Abi Castillo para ARiMagritte

El sitio de ARiMagritte

Oráculo – ARiMagritte

En su serie de cuadros La Condición Humana René Magritte coloca un caballete frente a una ventana de tal forma que el lienzo sobre el que pinta el artista se superpone con el paisaje y resulta casi indistinguible dónde acaba la realidad y empieza la obra. Ochenta y siete años más tarde, una artista que comparte nombre con el belga, ARiMagritte, coloca los trece temas de su Oráculo ante una ventana y la abre de par en par. Abre heridas propias –a buen seguro– y también ajenas, heridas de amor y desamor, que, en fin, son la sustancia que compone el mundo, los átomos indivisibles que conforman todo. El arte, el gran arte, es aquel capaz de diluir la frontera entre realidad y ficción como en el caballete de Magritte.

Del mismo modo, el oráculo, el gran oráculo, no es tanto aquel que ostenta grandes poderes adivinatorios como el que posee facultades especulares. Vayamos a la mismísima fuente oracular, en Delfos, al pie del Parnaso; y allí a su ombligo, el Templo de Apolo, el lugar donde los griegos ubicaban el ombligo del mundo, el hogar de la pitonisa primigenia. Leamos la inscripción que figuraba a la entrada de este templo, tal vez una de las frases más célebres que nos ha legado el mundo heleno. GNOTHI SEAUTON. Conócete a ti mismo. ¿Acaso no podría incluirse esta expresión, de fábrica, en el marco superior de cualquier espejo?

Conócete a ti mismo: vive con los ojos abiertos, hacia dentro y hacia fuera. ARiMagritte demuestra haber vivido con los ojos bien abiertos en ambas direcciones. Desde el primer minuto del disco se percibe un debut de madurez, se advierte que las trece canciones han crecido con ARi, que Oráculo no es un trabajo oportuno sino necesario, el disco de una vida, de media vida, más que un LP, una colección de singles como las que sacaban los grupos británicos de los 80 y que aún hoy respiran autenticidad.

ARi nos canta las trece canciones de Oráculo desde su ventana, desde una ventana como la de René, solo que, en vez de la campiña belga, asoma un paisaje urbano de Vigo algo destartalado; sobre él empiezan a caer gruesas gotas de lluvia. ARi nos canta con voz suave y firme como un nudo de seda en las muñecas. ARi nos canta y solo necesitamos un golpe de voz, un verso de Oráculo, uno solo, para saber que todo fue verdad. Solo necesitamos un tema de Oráculo, uno solo, para reconocer el espejo y la inscripción, de fábrica, en el marco superior. GNOTHI SEAUTON. Conozcámonos a nosotros mismos, ese es el reto. ¿Estáis dispuestos a afrontarlo?

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